¿Porque la Inmaculada Concepción es la Patrona de los infantes?

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    EL PARACA
    Jefe de claves
    Pues aunque su día, el 8 de Diciembre, ya haya pasado, me gustaría contar esta bonita historia en la que se narra como La Inmaculada Concepción, se convirtió en matrona del cuerpo de infantería del ejercito Español
    La patrona de la Infantería española es la Inmaculada Concepción (8 de Diciembre), por lo menos hasta el momento.

    Pero poca gente sabe cuál es el origen de este patrocinio.

    Pues bien, el origen está en las guerras de Flandes. Concretamente, los días 7 a 8 de Diciembre de 1585.

    Después de la toma de Amberes, se licenció a parte del ejército español. Del resto, una parte, al mando de Ernesto de Mansfelt, se dirigieron hacia el Norte, hacia las provincias rebeldes, para continuar la lucha. Lo más importante de estas fuerzas, y constituyendo el grueso de la Infantería propia, lo formaban los Tercios de Bobadilla, Mondragón e Iñiguez, sumando todos algo más de 4000 soldados (al haber quedado muy mermados tras la campaña culminada con la conquista de Amberes). Eran lo mejor que tenía nuestro ejército al ser expertos combatientes curtidos en cien batallas. Recibieron la orden de cruzar el río Mosa y ocupar la isla de Bommel.

    A finales de Noviembre de 1585, cruzaron el río Mosa. Allí, Mansfelt dividió su ejército en dos grupos: uno quedó acampado en la orilla del río, y el otro, formado principalmente por los tercios mandados por los Maestres de Campo Juan del Águila (recientemente ascendido) y Francisco Arias de Bobadilla, quedaron estacionados en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal.

    La isla de Bommel es una isla pantanosa. Los holandeses rompieron los diques, con lo que la isla se inundó, quedando dividida en multitud de islotes, en los que se agruparon los españoles, junto al dique de Empel, y con escasa protección.

    El 2 de diciembre una flota holandesa, formada por unas cien embarcaciones d ediferente tamaño y quilla plana, y comandada por el Almirante Holak (conocido por los españoles como Conde de Holac), entró en las tierras anegadas, acosando continuamente a los tercios. Con la artillería que habían conseguido poner a salvo, las tropas de Juan del Águila ocuparon una isleta que se había formado tras la inundación y hostigaron a los barcos rebeldes para que no se acercaran. Pero los holandeses ocuparon otras isletas y empezaron la construcción de fortificaciones, que terminaron en un tiempo récord a pesar de los cañonazos españoles.

    Mansfelt, con la otra parte del ejército, consiguió unas cuantas barcazas de los habitantes de Bolduque para atacar a la flota enemiga, pero los holandeses las destruyeron en un ataque sorpresa.

    El bloqueo por la escuadra era total, y la situación empezaba a ser angustiosa para las tropas españolas: prácticamente, habían agotado los víveres, y las ropas y gran parte de la pólvora estaban mojadas, y carecían de leña seca para calentarse.

    En estas circusntancias, los holandeses propusieron la capitulación. La respuesta de don Francisco de Bobadilla (que, como maestre de campo más antiguo, mandaba en aquellos dos Tercios) ha pasado a la historia:

    “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”

    Al atardecer del 7 de Diciembre, un soldado, que estaba cavando una trinchera para resguardarse del viento, encontró un objeto de madera enterrado. Era una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción.

    Tan pronto se difundió la noticia y llegó a oidos de Bobadilla, ordenó llevar la imagen en procesión, entre las banderas, a la iglesia de Empel, donde se rezó una salve en su honor.

    Todos consideraron el hecho como una señal de la protección divina, y supuso una enorme inyección de moral para los sitiados.

    Por ello, decidió un ataque nocturno aprovechando la euforia del momento. Arengó a sus tropas, y dio órdenes de hundir las piezas de artillería y de preparar las barcas de quilla plana aún disponibles, para embarcar a los infantes más dispuestos para atacar las naves principales enemigas. Los Maestres de Campo y los capitanes arengaron a sus soldados, diciéndoles que se encomendaran a la Virgen Inmaculada, y se prepararan para el combate.

    Alonso Vázquez recoge este hecho en “Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnesio” con la siguiente frase:

    “Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperaban en su bendito día.”

    Al mismo tiempo, los vecinos de Bolduque, liberada por los españoles, eran testigos desde la orilla del padecimiento de los tercios. Y tambien sacaron al Santísimo en procesión para pedir su intercesión.

    Inmediatamente cayó la noche (quienes hayan estado en estas tierras, saben que anochece hacia las 17 h en estas fechas). Y de repente, se levantó un viento extraño en la zona y la época, y muy frío. El resultado fue que las aguas de los dos ríos se empezaran a helar con rapidez. En determinadas zonas se formó una gruesa capa de hielo, que al decir de muchos, era algo que no se había visto nunca en la zona y en ese tiempo tan breve.

    Aquél cambio inesperado (que enseguida se atribuyó a la intervención divina), decidió a don Francisco Arias de Bobadilla a atacar y forzar el bloqueo, arengando en estos términos:

    “¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos.”

    Por su parte, el enemigo, ante el temor de que sus barcos quedasen atrapados por los hielos, empezó una lenta huida hacia el río Mosa, teniendo que pasar por una estrecha cortadura del dique principal de Empel, ocupada por los soldados de los tercios, que los hostigaron por ambos lados y les causaron más de 300 bajas. Escribe Alonso Vázquez que “cuando los rebeldes iban pasando con sus navíos por el río abajo les decían a los españoles, en lengua castellana, que no era posible sino que Dios fuera español pues había usado con ellos tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino Él, por su divina misericordia, fuera bastante a librarles del peligro y de sus manos”.

    Hay quien pone una frase similar en boca del almirante Holak: “Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro”.

    El día 8, festividad de la Purísima Concepción, la Hermandad de María Inmaculada de Bolduque hizo una procesión solemne pidiendo a Dios ayuda para liberar a aquellos católicos españoles aislados en los islotes. Dice el cronista que cuanto más rezaban, más engrosaba el hielo.

    El día 9 de diciembre empezó a deshelar. Al no estar próxima la flota holandesa, el Conde Mansfelt pudo socorrer y evacuar a los sitiados con pequeñas embarcaciones y rompiendo el hielo. Una lluvia repentina ayudó a acelerar el deshielo, lo que facilitó aún más la operación.

    Por fin, el día 10 terminó la evacuación a Bolduque. Allí fueron atendidos los heridos, los enfermos y los que habían sufrido congelaciones en pies y manos.

    Fue allí mismo donde se propuso a la Inmaculada como patrona de aquellos tercios.

    Pero no quedó allí la cosa. Tan pronto como este llamado “Milagro de Empel” se conoció en el resto del ejército de Flandes, se propagó la devoción a la Inmaculada en todo él, así como en el ejército español en Italia.

    Posteriormente, en el siglo XIX, el Papa Pio IX proclama el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

    Y años después, a solicitud del Inspector del Arma de Infantería, el patrocinio tomó rango oficial: La Inmaculada Concepción de María fue declarada Patrona de la Infantería por una Real Orden de la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo, de fecha 12 de noviembre de 1892.

    Pero había precedentes muy anteriores a estos hechos.

    Así, la tradición dice que en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), el Arzobispo de Toledo llevaba su estandarte la imagen de la Virgen en su Inmaculada Concepción.

    Y en 1492, antes de la rendición de Granada a los Reyes Católicos, se mandó erigir un altar en medio del campamento, dedicado a Maria en su Concepción. Y también hicieron voto de consagrar la Mezquita principal de la ciudad (la “madraksha”) a Maria concebida sin mancha.

    extraido de  AQUÍ

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    Pues aunque su día, el 8 de Diciembre, ya haya pasado, me gustaría contar esta bonita historia en la que se narra como La Inmaculada Concepción, se convirtió en matrona del cuerpo de infantería del ejercito Español
    La patrona de la Infantería española es la Inmaculada Concepción (8 de Diciembre), por lo menos hasta el momento.

    Pero poca gente sabe cuál es el origen de este patrocinio.

    Pues bien, el origen está en las guerras de Flandes. Concretamente, los días 7 a 8 de Diciembre de 1585.

    Después de la toma de Amberes, se licenció a parte del ejército español. Del resto, una parte, al mando de Ernesto de Mansfelt, se dirigieron hacia el Norte, hacia las provincias rebeldes, para continuar la lucha. Lo más importante de estas fuerzas, y constituyendo el grueso de la Infantería propia, lo formaban los Tercios de Bobadilla, Mondragón e Iñiguez, sumando todos algo más de 4000 soldados (al haber quedado muy mermados tras la campaña culminada con la conquista de Amberes). Eran lo mejor que tenía nuestro ejército al ser expertos combatientes curtidos en cien batallas. Recibieron la orden de cruzar el río Mosa y ocupar la isla de Bommel.

    A finales de Noviembre de 1585, cruzaron el río Mosa. Allí, Mansfelt dividió su ejército en dos grupos: uno quedó acampado en la orilla del río, y el otro, formado principalmente por los tercios mandados por los Maestres de Campo Juan del Águila (recientemente ascendido) y Francisco Arias de Bobadilla, quedaron estacionados en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal.

    La isla de Bommel es una isla pantanosa. Los holandeses rompieron los diques, con lo que la isla se inundó, quedando dividida en multitud de islotes, en los que se agruparon los españoles, junto al dique de Empel, y con escasa protección.

    El 2 de diciembre una flota holandesa, formada por unas cien embarcaciones d ediferente tamaño y quilla plana, y comandada por el Almirante Holak (conocido por los españoles como Conde de Holac), entró en las tierras anegadas, acosando continuamente a los tercios. Con la artillería que habían conseguido poner a salvo, las tropas de Juan del Águila ocuparon una isleta que se había formado tras la inundación y hostigaron a los barcos rebeldes para que no se acercaran. Pero los holandeses ocuparon otras isletas y empezaron la construcción de fortificaciones, que terminaron en un tiempo récord a pesar de los cañonazos españoles.

    Mansfelt, con la otra parte del ejército, consiguió unas cuantas barcazas de los habitantes de Bolduque para atacar a la flota enemiga, pero los holandeses las destruyeron en un ataque sorpresa.

    El bloqueo por la escuadra era total, y la situación empezaba a ser angustiosa para las tropas españolas: prácticamente, habían agotado los víveres, y las ropas y gran parte de la pólvora estaban mojadas, y carecían de leña seca para calentarse.

    En estas circusntancias, los holandeses propusieron la capitulación. La respuesta de don Francisco de Bobadilla (que, como maestre de campo más antiguo, mandaba en aquellos dos Tercios) ha pasado a la historia:

    “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”

    Al atardecer del 7 de Diciembre, un soldado, que estaba cavando una trinchera para resguardarse del viento, encontró un objeto de madera enterrado. Era una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción.

    Tan pronto se difundió la noticia y llegó a oidos de Bobadilla, ordenó llevar la imagen en procesión, entre las banderas, a la iglesia de Empel, donde se rezó una salve en su honor.

    Todos consideraron el hecho como una señal de la protección divina, y supuso una enorme inyección de moral para los sitiados.

    Por ello, decidió un ataque nocturno aprovechando la euforia del momento. Arengó a sus tropas, y dio órdenes de hundir las piezas de artillería y de preparar las barcas de quilla plana aún disponibles, para embarcar a los infantes más dispuestos para atacar las naves principales enemigas. Los Maestres de Campo y los capitanes arengaron a sus soldados, diciéndoles que se encomendaran a la Virgen Inmaculada, y se prepararan para el combate.

    Alonso Vázquez recoge este hecho en “Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnesio” con la siguiente frase:

    “Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperaban en su bendito día.”

    Al mismo tiempo, los vecinos de Bolduque, liberada por los españoles, eran testigos desde la orilla del padecimiento de los tercios. Y tambien sacaron al Santísimo en procesión para pedir su intercesión.

    Inmediatamente cayó la noche (quienes hayan estado en estas tierras, saben que anochece hacia las 17 h en estas fechas). Y de repente, se levantó un viento extraño en la zona y la época, y muy frío. El resultado fue que las aguas de los dos ríos se empezaran a helar con rapidez. En determinadas zonas se formó una gruesa capa de hielo, que al decir de muchos, era algo que no se había visto nunca en la zona y en ese tiempo tan breve.

    Aquél cambio inesperado (que enseguida se atribuyó a la intervención divina), decidió a don Francisco Arias de Bobadilla a atacar y forzar el bloqueo, arengando en estos términos:

    “¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos.”

    Por su parte, el enemigo, ante el temor de que sus barcos quedasen atrapados por los hielos, empezó una lenta huida hacia el río Mosa, teniendo que pasar por una estrecha cortadura del dique principal de Empel, ocupada por los soldados de los tercios, que los hostigaron por ambos lados y les causaron más de 300 bajas. Escribe Alonso Vázquez que “cuando los rebeldes iban pasando con sus navíos por el río abajo les decían a los españoles, en lengua castellana, que no era posible sino que Dios fuera español pues había usado con ellos tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino Él, por su divina misericordia, fuera bastante a librarles del peligro y de sus manos”.

    Hay quien pone una frase similar en boca del almirante Holak: “Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro”.

    El día 8, festividad de la Purísima Concepción, la Hermandad de María Inmaculada de Bolduque hizo una procesión solemne pidiendo a Dios ayuda para liberar a aquellos católicos españoles aislados en los islotes. Dice el cronista que cuanto más rezaban, más engrosaba el hielo.

    El día 9 de diciembre empezó a deshelar. Al no estar próxima la flota holandesa, el Conde Mansfelt pudo socorrer y evacuar a los sitiados con pequeñas embarcaciones y rompiendo el hielo. Una lluvia repentina ayudó a acelerar el deshielo, lo que facilitó aún más la operación.

    Por fin, el día 10 terminó la evacuación a Bolduque. Allí fueron atendidos los heridos, los enfermos y los que habían sufrido congelaciones en pies y manos.

    Fue allí mismo donde se propuso a la Inmaculada como patrona de aquellos tercios.

    Pero no quedó allí la cosa. Tan pronto como este llamado “Milagro de Empel” se conoció en el resto del ejército de Flandes, se propagó la devoción a la Inmaculada en todo él, así como en el ejército español en Italia.

    Posteriormente, en el siglo XIX, el Papa Pio IX proclama el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

    Y años después, a solicitud del Inspector del Arma de Infantería, el patrocinio tomó rango oficial: La Inmaculada Concepción de María fue declarada Patrona de la Infantería por una Real Orden de la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo, de fecha 12 de noviembre de 1892.

    Pero había precedentes muy anteriores a estos hechos.

    Así, la tradición dice que en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), el Arzobispo de Toledo llevaba su estandarte la imagen de la Virgen en su Inmaculada Concepción.

    Y en 1492, antes de la rendición de Granada a los Reyes Católicos, se mandó erigir un altar en medio del campamento, dedicado a Maria en su Concepción. Y también hicieron voto de consagrar la Mezquita principal de la ciudad (la “madraksha”) a Maria concebida sin mancha.

    extraido de  AQUÍ

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