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    EL PARACA
    Jefe de claves

    En su libro “Memorias de Estado” Christian Prouteau, fundador del famoso grupo antiterrorista GIGN de la Gendarmería gala, cuenta una divertida anécdota sobre como logró que durante los entrenamientos de los tiradores de élite de la unidad éstos llegasen a realizar un tiro simultáneo sobre diferentes blancos en un mismo escenario. La perfecta coordinación de este tipo de tiro es vital en una misión real, ya que si un terrorista no es neutralizado en el mismo instante que sus compañeros podría darle tiempo a disparar sobre los rehenes.

    Cada tirador tenía atribuido un número concreto y, en lugar de un único blanco, todo un sector de tiro. Tan sólo en el momento en el que el gendarme hacía la adquisición de un blanco le estaba permitido decir su número por radio. Mientras no lo tenía en el objetivo debía guardar silencio. Cuando la totalidad de tiradores había fijado su blanco y dicho su número, Prouteau tomaba la decisión de abrir fuego o no. Si en el transcurso de este tiempo uno de los agentes perdía su objetivo debía decir “no”, y la maniobra quedaba interrumpida. El problema resultó ser que la tensión que este sistema causaba en los hombres del GIGN debido a las largas esperas y a un autocontrol constante hacía que cuando se daba la orden de “fuego”, los tiradores disparasen tan bruscamente sus armas que la precisión se veía afectada. Proteau decidió utilizar la palabra “cero”, que al no ser monosilábica (“fuego” en francés se pronuncia “feu”) le parecía menos agresiva para los oídos de los ya de por sí tensos tiradores.

    Pero la adopción de “cero” trajo consigo que algunos tiradores abriesen fuego nada más comenzar a pronunciar la palabra mientras que otros disparaban justo al terminarla, por lo que la coordinación seguía fallando. Para solucionar este nuevo problema, Prouteau decidió que los tiradores contaran hasta tres inmediatamente después de que terminara de pronunciar la palabra, dado que estimaba que en ese tiempo los blancos seguirían en el objetivo de los fusiles de precisión y que de no ser así los agentes podrían pronunciar el “no”.

    Nuevo problema: no toda la gente cuenta al mismo ritmo hasta tres… Tras estrujarse de nuevo el cerebro, el famoso patrón de GIGN decidió probar con la fórmula de decir mentalmente tres veces “trescientostreinta y tres”, porque según él pensaba “toda la gente dice esa palabra al mismo ritmo”. ¡Bingo!: con esa nueva fórmula todos los tiradores dispararon sus armas al unísono en la misma fracción de segundo.

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    En su libro “Memorias de Estado” Christian Prouteau, fundador del famoso grupo antiterrorista GIGN de la Gendarmería gala, cuenta una divertida anécdota sobre como logró que durante los entrenamientos de los tiradores de élite de la unidad éstos llegasen a realizar un tiro simultáneo sobre diferentes blancos en un mismo escenario. La perfecta coordinación de este tipo de tiro es vital en una misión real, ya que si un terrorista no es neutralizado en el mismo instante que sus compañeros podría darle tiempo a disparar sobre los rehenes.

    Cada tirador tenía atribuido un número concreto y, en lugar de un único blanco, todo un sector de tiro. Tan sólo en el momento en el que el gendarme hacía la adquisición de un blanco le estaba permitido decir su número por radio. Mientras no lo tenía en el objetivo debía guardar silencio. Cuando la totalidad de tiradores había fijado su blanco y dicho su número, Prouteau tomaba la decisión de abrir fuego o no. Si en el transcurso de este tiempo uno de los agentes perdía su objetivo debía decir “no”, y la maniobra quedaba interrumpida. El problema resultó ser que la tensión que este sistema causaba en los hombres del GIGN debido a las largas esperas y a un autocontrol constante hacía que cuando se daba la orden de “fuego”, los tiradores disparasen tan bruscamente sus armas que la precisión se veía afectada. Proteau decidió utilizar la palabra “cero”, que al no ser monosilábica (“fuego” en francés se pronuncia “feu”) le parecía menos agresiva para los oídos de los ya de por sí tensos tiradores.

    Pero la adopción de “cero” trajo consigo que algunos tiradores abriesen fuego nada más comenzar a pronunciar la palabra mientras que otros disparaban justo al terminarla, por lo que la coordinación seguía fallando. Para solucionar este nuevo problema, Prouteau decidió que los tiradores contaran hasta tres inmediatamente después de que terminara de pronunciar la palabra, dado que estimaba que en ese tiempo los blancos seguirían en el objetivo de los fusiles de precisión y que de no ser así los agentes podrían pronunciar el “no”.

    Nuevo problema: no toda la gente cuenta al mismo ritmo hasta tres… Tras estrujarse de nuevo el cerebro, el famoso patrón de GIGN decidió probar con la fórmula de decir mentalmente tres veces “trescientostreinta y tres”, porque según él pensaba “toda la gente dice esa palabra al mismo ritmo”. ¡Bingo!: con esa nueva fórmula todos los tiradores dispararon sus armas al unísono en la misma fracción de segundo.

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